El impulso de querer sentir la aventura de vivir
navegando por la vida.

Viajar, la expresión del tiempo que pasa.

domingo, 13 de octubre de 2013

61.- Afrodita y Atenea en el Peloponeso, de Killini a Methoni

Castillo de Killini



Rik aparejó a Telémaco a son de mar y puso a bordo sus amarras de popa.
Dio atrás y empezó a apartarlo del muelle de Killini,
largó definitivamente su amarra de proa y procuró la bocana acercándose a la farola verde,
apartándose de los bajos, para ir a penetrar el Peloponeso. Un Rik serio, pensativo, concentrado en los comentarios que le hizo Afrodita a Telémaco.
–Cuidado con los bajos, apartémonos de la costa –avisó Telémaco a Rik.
–Tranqui, daremos resguardo; ahora hemos de estar atentos a los ferries que es un sin parar. En el cabo ya pondremos sur –le respondió Rik.
–Rik, Afrodita insiste que la lleves a bordo –insistió el barco.
–¿Todavía está ahí? Telémaco, ¿qué pasará si viene? Habrá rollo y no veremos el Peloponeso. Además, no quiero quedar enganchado y melancólico cuando desembarque –argumentó Rik.
–Joer, Rik, ¡eres un poeta! Pero un poeta plasta. Lo podemos pasar teta, ¡con la de cosas que nos contará y todo lo que sabe! –dijo Telémaco.
–Tio, a lo mejor ni hablamos. ¡Que como no sepa poner el freno…! –contestó Rik.


El día prometía una navegación placentera.
Cielo descepado. Mar rizado. Soplaba un norte de fuerza 4, que pronto subió a 5,
sol y calor –30ºC a la sombra–.

Cuando apenas habían navegado 25 millas a Telémaco se le soltó la escota de estribor de su puño de escota quedando la vela de proa flameando, lo que obligó a cambiar de bordo para poder trincarla y afirmarla de nuevo sin necesidad de arriarla.

Seis horas más tarde dejaron por su través de babor a Katakolo, cuando el cielo amenazaba con un chubasco. Katakolo no era objetivoa visitar este año ya que recalaron allí el pasado para visitar las ruinas de Olimpia y consultar el oráculo.

–Telémaco, ¿recuerdas el oráculo del año pasado? ¡Vaya pifia! No acertó ni una –provocó Rik.
–Joer, Rik, habrá que esperar o hacer otro –dijo Telémaco cabeceando las olas en su rumbo.
–Pues esta vez no volveremos a Olimpia ni ningún templo. Como no vengan a visitarnos… jeje–rió Rik–.
–No lo digas en alto, Rik, que Atenea ya quiso acercarse el otro día pero al ver a Afrodita le dejó campo libre.
–¡Coño Telémaco! Atenea sí que es interesante. Protegió a Ulises al volver de Troya; si no hubiese sido por ella Ulises lo habría pasado más puta todavía.
–Si protegió a Ulises también lo haría con su hijo Telémaco –dijo muy alegre el barco.
–Pues sí, estás de suerte. ¿Sabe esta Atenea quién eres? –le preguntó Rik.
–Sí, vi el otro día que Afrodita se lo dijo.
–¡Vaya fiesta que tendremos! Afrodita y ahora Palas Atenea. ¡Tendré que sacar los cohetes y hacer fiesta. Jeje –rió Rik y mantuvo la sonrisa durante buena parte del trayecto.

Quince minutos más tardes el chubasco les pilló,
sopló fuerza 6 –con racha máxima de 42,1 nudos–,  y llegó la tormenta eléctrica.
Una importante tromba de agua y viento racheado hicieron que Rik y Telémaco se concentraran en cómo sortear mejor las condiciones para avanzar en su rumbo.

Dos horas más tarde ya pasó el chubasco, cayó el viento y roló de inmediato a un SE de fuerza 3 y poco a poco fue entrando la calma.
Se hizo de noche cuando atracaron en Kiparissia.



En Kiparissia se puede repostar agua pero la toma sólo está cerca de donde hay normáis.
Rik ya conoció esta ciudad el año pasado y visitó su castillo,
que tiene unas maravillosas vistas de esa parte del Peloponeso.

Isla de Proti, parada para baño, camino de Pilos
Al día siguiente, al despuntar el día, pusieron rumbo a Pilos.
Con un NW de fuerza 5 llegaron a la bahía de Navarones y poco después atracaron en su puerto de Pilos –totalmente gratis–.
Pilos es una ciudad agradable, con su alboroto veraniego de turistas en la plaza –casi todos griegos–, frente al mar y su rosario de tabernas contorneando la ribera.

De Pilos a Methoni.
Impresionante su fortaleza, como otras muchas,
pero ésta impactó más a Rik porque aquí dicen que estuvo prisionero durante dos años
Miguel de Cervantes.
Y también cuenta la Odisea
que aquí fue donde Telémaco desembarcó –viniendo de Itaka–
buscando información sobre el paradero de su padre.
Aquí se encontraba el rey Néstor –el rey anciano de Pilos–,
que luchó con Ulises en la guerra de Troya y que le dio referencias de su padre,
de que vivía y que volvería a Itaka.


–Telémaco, aquí estamos. Ya sé que no te suena porque tú no estuviste aquí. Pero tenías que venir –le dijo Rik.
–No te enrolles, Rik. Vigila el fondeo, que está lleno de barcos –le contestó Telémaco.
–Barcos y tabernas. Está lleno. Se ve animado –le dijo Rik.
–Es arena, Rik. Tenemos sonda de 4 metros y es fondo regular. ¿Nos quedamos aquí? –sugirió Telémaco.
 
Fondeadero de Methoni

Vista parcial del castillo de Methoni

Y Rik largó la cadena y fondeó.
Tranquilamente.




3 comentarios:

Ana Capsir dijo...

Yo creo que Telémaco desembarcó en Pilos; la arenosa Pilos; además hay un arenal cerca donde está la cueva de Nestor. Por supuesto todo esto es muy discutible; así que si te parece bien lo podemos discutir con unas cervezas cuando nos veamos.

Un abrazo y buen viento

Enrique Carlos Hormigo dijo...

Gracias, Ana. Desde luego nadie mejor que tú para matizar dónde se encontró Nestor con Telémaco.
Vamos a tomar esas cervecitas, por supuesto, en cualquier parte de ese paraíso.
Ah, por cierto, ¡estupenda la experiencia de Salamina!

Anónimo dijo...

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